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Bueno, pues tal y como llegó San Valentín, aquí hay otro que repite cada año: Don Carnal.
No sé, pero cada año que pasa me atrae menos la idea de dejar de ser "yo", aunque sea por un día, ¿será la edad .....?, ¿o quizás sea ese sentimiento de rídiculo que empiezas a sentir a partir de las 5 o las 6 de la mañana?
Es muy divertido cuando empiezas a preparar el disfraz. Te pones a buscar en el "baúl de los recuerdos" donde aparece un traje de véte tú a saber de quién era, unos zapatos horribles de la época de Maricastaña, incluso puede que aparezca alguna peluca y otras cosas por el estilo. Pero eso sí, siempre acabas cogiendo lo más hortera que encuentras, porque lo que es la nota, hay que darla.
Otro recurso muy socorrido son las tiendas de disfraces: allá que vamos todo el grupo (el último día) para alquilar un montón de disfraces iguales: de sacerdotes, de caperucitas, de LSD,.... da igual, lo único que importa es ir todos iguales. Pero claro, el último día sólo quedan los "restos", así que al final cada uno va de lo que puede.
Bien, pues ya tenemos los disfraces, ahora sólo queda el maquillaje: siempre aparece alguna con el "kit" de pinturas y su "gracia" para pintar. Así que nos ponemos en cola, uno detrás de otro y sin pensar mucho en las consecuencias dejamos que nos adorne la cara, y cuanta más pintura, mejor.
Ya estamos preparados para salir a la calle. Qué divertido te lo pasas al principio riéndote de los disfraces y la gente que vas viendo (ya no lo es tanto cuando se rien de tí por la pinta que llevas), y así hasta altas horas de la madrugada: bailando, bebiendo, riendo,....
Pero de momento y con una tajada de narices empiezas a ser consciente que te molesta horrores el disfraz y que tu cara esta llena de borrones. Y empieza a amanecer y los gatos dejan de ser pardos. Entonces te miras en algún espejo de algún "cutre-aseo" y te preguntas que por qué narices te has vuelto a disfrazar, con lo a gusto que estarías tú con tus vaqueros y tu carita "recién lavá". Y empiezan a poner las calles y empieza a aparecer gente "normal".
Pero la noche no acaba ahí, siempre hay alguno al que le apetecen unos churritos y ¡hala!, todo el grupo a comer churros, convirtiéndonos así en el centro de todas las miradas. -"¡Venga, ya que estamos levantados vamos a comprar la prensa y a tomar otro cafetito por ahí"-.
Y mientras el resto del mundo te mira tú estás pensando "¡tierra, trágame!", y al final llegas a casa y vuelves a pensar exactamente lo mismo que pensaste el año anterior: "el año que viene no me disfrazo".
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